¿Cómo nació la obra que estremece al planeta fútbol y cuál es la influencia de un maestro de la música clásica?

Para cualquier amante del fútbol, la Liga de Campeones de la UEFA, la Champions League, es ineludible: Es la oportunidad de ver este deporte al más alto nivel.

Aunque el torneo se juega desde 1955, originalmente como Copa de Europa, fue en 1992 que adquirió el nombre actual. Este cambio de marca supuso una renovación de imagen, y por supuesto, la iniciativa de dotar a la Champions de un himno, una música característica que permitiera el uso en las ceremonias y en su promoción. Se buscaba algo que todos los europeos (o mejor dicho, los habitantes del planeta Tierra, o el planeta Fútbol) pudiesen reconocer.

La UEFA decidió encargarle el himno en cuestión al compositor inglés Tony Britten. Su currículum lo devela como arreglador y director de musicales del West End londinense, junto con algunas incursiones menores en el cine y la televisión, y no tiene ninguna relación con Benjamin Britten, una de las figuras claves de la composición británica en el siglo XX. Esa vocación teatral y de espectáculos lo hacía el hombre indicado para que el himno fuese lo suficientemente “oreja”.

Britten tomó como inspiración al compositor alemán, naturalizado británico, George Frideric Handel (1685-1759). Y no fue algo gratuito. Handel (o Haendel, o también Händel, en las dos grafías alemanas), hizo gran parte de su carrera en Gran Bretaña. Allí forjó su estilo y creó sus más inmortales creaciones, como el oratorio “El Mesías”, con el famoso coro “Hallelujah”, y buena parte de su música fue creada para ocasiones solemnes por encargo de la propia monarquía británica. Se transformó, en palabras del crítico argentino Diego Fischerman, en el “más inglés de los compositores ingleses”.

Y ahí está la clave: si se escuchan sus obras por encargo de la corona, como la “Música Acuática” o la “Música para los Reales Fuegos Artificiales”, entendemos que el “sonido Handel” está asociado indeleblemente a la solemnidad británica, y por lo mismo está en el inconsciente colectivo de los ingleses.

Dentro de este canon artístico asociado a la realeza encontramos los cuatro “Himnos de Coronación”, que Handel escribió para la toma de posesión del trono del rey Jorge II en 1727. El primero de estos se titula “Zadok the Priest” y fue el modelo de Britten para el himno de la Champions.

“Zadok the Priest” está escrita para coro y orquesta, musicalizando un texto del Libro de los Reyes del Antiguo Testamento. A pesar de concebirse para una coronación real, contiene una carga dramática palpable, y eso se debe a la experiencia de Handel en la ópera barroca, que para entonces abarrotaba los teatros londinenses. Desde aquella ceremonia, este himno es el que se ha usado en cada ascensión al trono, incluyendo por supuesto, la de Isabel II.

Básicamente, lo que hizo Britten fue simplificar las líneas melódicas, tanto en la parte orquestal como en el coro, reduciendo además en dos minutos su duración (Handel dura cinco minutos, el himno dura tres). Así, el coro entona los simples versos en frases cortas y precisas, haciéndola más “recordable” en una primera escucha.

Un elemento muy importante que añade Britten, y que la distingue de la original, es el uso prominente del arpa, que en época del maestro barroco todavía no era común en las orquestas.

El resultado final está muy al límite entre arreglo y composición original, aunque podríamos afirmar que la balanza se inclina más hacia lo segundo, porque ninguna melodía de Handel aparece citada textualmente. Además, el uso de “modelos” o el “tomar prestado” de viejos maestros, no es ninguna novedad en el mundo de la música de tradición escrita.

Como decíamos, el texto es un conjunto de sencillas frases, que enfatizan que se trata de los mejores, y se alterna en los tres idiomas principales de la UEFA: inglés, alemán y francés.

El himno fue grabado por la Royal Philharmonic Orchestra, una de las más cotizadas agrupaciones inglesas, junto a las voces de la Academy of St-Martin-in-the-fields.